Hola bella!!!
No sé tú, pero yo durante años viví con una sensación constante de no estar haciendo las cosas lo suficientemente bien.
No importaba lo que lograra. Siempre había un “podrías haberlo hecho mejor” o incluso sin reconocerlo, sin valorarlo!
Era como una carga que me acompañaba a todos lados, en el trabajo, en casa, como madre, como hija, como pareja…
Y un día me hice esta pregunta, así, sin anestesia:
Vamos a ver tía!!! ¿Por qué te exiges tanto?
¿Quién te enseñó que tenías que ser perfecta para ser querida?
La respuesta fue clara. Dolorosa, pero C-L-A-R-A.
Porque en el fondo… yo solo quería que mi padre estuviera orgulloso de mí.
Nada más. QUERÍA QUE PAPÁ ME QUISIESE! HICIESE LAS COSAS BIEN O MAL!!
No buscaba premios, ni aplausos, ni ser la número uno.
Solo buscaba a mi papá y que me dijese: «Te veo. Estoy orgulloso de ti. Así, tal como eres.»
Pero esa mirada NUNCA llegó y entonces, como muchas niñas, me inventé una estrategia de la que ni yo era consciente! «Si lo hago todo bien, si no molesto, si saco buenas notas, si siempre soy útil… entonces tal vez me quiera un poco más.»
Y ahí empezó todo.
Es verdad que yo siempre he tenido un puntito de rebeldía, al ser la pequeña de tres hermanos varones me tenía que rebelar! tenía que quejarme! pero me anularon y me convertí en lo que me criaron…esa niña buena, brillante, complaciente, eficiente… y esa niña creció.
Y se convirtió en una mujer que lo da todo, que lo sostiene todo, que se olvida de sí misma porque aprendió que su valor estaba en lo que hace, no en lo que es.
Y así pasaron los años. Hasta que un día (no hace mucho)… me rompí.
Porque ya no podía más.
Porque ser perfecta no me salvó.
Porque me estaba perdiendo a mí.
Y ahí empezó otro viaje.
El de mirarme con más ternura. El de permitirme ser vulnerable! El de SENTIR! El de no exigirme tanto. El de dejar de buscar fuera lo que solo podía darme yo.
Si tú también estás cansada de exigirte todo el tiempo, de sentir que nunca es suficiente, quiero decirte esto: no estás rota. Estás volviendo a ti.
No tienes que ganarte el amor.
No tienes que demostrar nada.
No tienes que ser perfecta para merecer descanso, cariño o paz.
Solo tienes que recordar quién eras antes de creerte que no bastabas.
Y a esa niña que un día solo quería ser mirada…
hoy le decimos: te veo. Y ya es suficiente.
Me encantaría leer tu historia…así que si te apetece, te leo con el corazón abierto!!!
Con todo mi cariño y cicatrices,
Elena


Deja un comentario