Hola, hermosa…

A veces grito… y después lloro en silencio cuando me meto en la cama

Hace unos días, mientras dormía a mi hija, empezó a llorar porque no había manera de que pudiese dormirse…
Yo ya venía con el cuerpo tenso, sin dormir bien, día de trabajo a tope…en fin..exploté.

Le alcé la voz, me impuse, me puse seria porque traspasó los límites.
Con voz fuerte, con esa mezcla de frustración y cansancio que duele en la garganta después y literal, me duele!
Martina me miró en estado de shock y miedo.
Y yo… me fui a mi dormitorio a llorar.

Sentí esa culpa que solo las madres conocemos. Esa mezcla de “lo estoy haciendo mal” con “no quiero ser así”.
Me sentí sola. Aunque no lo estoy!! Porque sé que no soy la única.

Y ahí fue cuando me prometí, otra vez, intentar hacerlo diferente.

La maternidad tiene momentos hermosos, sí. Pero también tiene días donde te sientes al límite. Y lo peor es que nos enseñaron que deberíamos poder con todo, sin quejarnos, sin explotar, sin llorar.

Nos dijeron que amar es suficiente.
Pero no te dijeron que para amar sin gritar, primero necesitas cuidar de ti.
RECONECTAR contigo.
Sanar lo que a ti también te dolió cuando fuiste niña.
Dejar de cargar con el perfeccionismo y empezar a mirarte con más compasión.

Por eso creé este espacio. Para hablarlo. Para acompañarnos. Para dejar de sentir vergüenza por gritar… y empezar a buscar formas reales de maternar desde la calma.

Porque sí, podemos maternar sin gritar.
Pero no desde la exigencia… sino desde el amor.

Con todo mi cariño y cicatrices,
Elena

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