Hola, amiga…
Hoy quiero hablarte desde un lugar muy profundo, uno que yo misma he ido descubriendo con dolor, pero también con muchísima luz: las heridas que traemos de la infancia y cómo se cuelan, casi sin darnos cuenta, en la forma en que criamos a nuestros hijos.
Porque no sé si a ti te ha pasado…Ese momento en el que gritas y luego lloras. Cuando sientes que repites lo mismo que juraste no repetir. O cuando te cuesta disfrutar sin culpa.
A mí sí. Y duele. Pero también se puede transformar.
Por eso hoy quiero contarte sobre las 5 heridas emocionales de la infancia que más se manifiestan en la maternidad, y cómo puedes empezar a mirarlas, abrazarlas y sanar.
1. Herida de Rechazo 💔
Cuando en tu infancia te sentiste no deseada, ignorada o como si tu presencia molestara… esa sensación puede resurgir cuando tu hijo no te presta atención, cuando te hace una rabieta, o simplemente cuando sientes que “no puedes con todo”.
Yo muchas veces me he sentido así. Invisible. Inadecuada.
Pero aprendí que mi valor no depende de la validación externa, ni de que todo salga perfecto. Empieza por abrazarte en esos momentos, sin juicio.
Práctica sanadora: Mírate al espejo cada mañana y di: “Merezco estar aquí. Soy suficiente tal como soy.”
2. Herida de Abandono 💢
Esta aparece cuando sentimos que nos dejaron solas emocional o físicamente. De adultas, puede transformarse en una necesidad constante de agradar, de no fallar… y eso en la crianza puede hacer que te olvides de ti misma.
A mí me pasaba: vivía para todos menos para mí. Hasta que un día me senté, lloré, y me prometí cuidarme como cuido a mis hijos.
Práctica sanadora: Regálate un momento diario solo para ti. Un café en silencio, una canción que te conecte, una respiración profunda.
3. Herida de Humillación 😔
Si te hicieron sentir vergüenza por ser tú, por tus emociones, por tus errores… es probable que hoy te cueste mostrarte vulnerable. Incluso con tus hijos.
Yo escondía mi llanto, mi rabia, mis emociones…Pensaba que tenía que ser fuerte todo el tiempo. Pero aprendí que mostrarme real me hace más cercana, no más débil.
Práctica sanadora: Permítete llorar delante de tus hijos. Enséñales que sentir no es malo, que mamá también es humana.
4. Herida de Traición (o de desconfianza)🔒
Cuando no pudiste confiar en los adultos que te cuidaban, ahora te cuesta soltar el control. Quieres que todo esté bajo tu mirada, como si eso te protegiera.
Soltar el control me dio pánico. Pero aprendí que soltar no es abandonar, es confiar en la vida y también en mí misma como madre.
Práctica sanadora: Observa una situación y pregúntate: ¿Puedo permitir que esto fluya sin controlarlo todo? Solo una cosa, un paso.
5. Herida de Injusticia 😶
Si fuiste criada con exigencia, comparaciones o falta de reconocimiento, ahora te puedes convertir en tu peor juez. Nunca nada es suficiente. Siempre podrías hacerlo mejor.
Yo vivía con ese látigo interno. Hasta que un día decidí hablarme como le hablo a mis hijos: con amor, con paciencia.
Práctica sanadora: Cada noche, anota tres cosas que hiciste bien en el día. Aunque parezcan pequeñas. ¡Valen!
Todas tenemos heridas. Todas. T-O-D-A-S!!
Pero también tenemos la posibilidad de mirarlas con amor, darles voz y comenzar a transformarlas.
No para ser madres perfectas. Sino para ser madres presentes, reales, conscientes.
Estoy aquí para caminar contigo en este proceso.
Si algo de esto resonó contigo, te abrazo.
Y si quieres empezar a trabajar en ti, en tu historia, aquí estoy. Siempre.
Con amor,
Elena
Una mujer que sana… y que acompaña a otras a sanar 💖

Deja un comentario